Si se admite que con cualquier actitud que se adopte se le hace siempre el juego a alguien, lo importante es buscar por todos los medios hacer bien el propio juego, esto es, de vencer netamente.

Antonio Gramsci

domingo, 28 de marzo de 2010

Trabajos Voluntarios, los cercanos límites de la voluntad


¿Qué son los trabajos voluntarios, sino romper por un momento reducido con la rutina de la vida propia para volcarse a una actividad que no trae otra retribución que la satisfacción de saberse, por un momento, un ser desinteresado en pos de ayudar a los otros?. Se trata de la consumación de una emoción, que nace al percibir una realidad que es necesario cambiar. Es poner en movimiento la voluntad de trabajar por ese cambio, tanto individual como colectiva. Una de las situaciones más propicias para el nacimiento y contagio de esta emoción es una situación de catástrofe como la que vivimos. Ayudar al que lo perdió todo, las vidas de sus seres queridos o buena parte de su patrimonio, aparece como una necesidad inmediata. Rápidamente se abren los canales para ayudar, pero con descoordinación y desorganización, cada uno apunta a lo que su interpretación inmediata le aconseja llevar a cabo, mediado por sus propios valores y respectiva su visión de mundo. Para muchos la reflexión ya está hecha, la justificación del acto es de sentido común, por tanto se ponen a disposición de los más organizados. Otros, en cambio, son incentivados a iniciar una reflexión a partir de los numerosos errores cometidos por distintos actores, especialmente ventilados por los medios de comunicación, y se sienten obligados a rechazar el activismo para buscar la mejor forma de utilizar sus sobrevaloradas capacidades. Los más llamados a actuar son los jóvenes, su desocupación y ausencia de responsabilidades los hace sujetos idóneos para entregar su tiempo a la causa solidaria de la reconstrucción del país. Sin embargo ya con esta sola operación se enaltece al sujeto privilegiado, aquel que no tiene que trabajar para vivir. Asimismo, en contraparte, se reduce y oculta el papel del verdadero constructor y reconstructor del país, aquellos que trabajan día a día. A ellos se les relega a la entrega del impersonal, frío y homogéneo dinero.

En términos generales, un trabajo voluntario se entiende más o menos de esta forma, pero para no caer inmediatamente en los límites de análisis que nos establece la ideología imperante, es necesario ubicar el acto de hacer un voluntariado en la sociedad concreta en la que vivimos, que en nuestro caso es la república de Chicle. Hoy vivimos en una sociedad neoliberal que afronta su primera catástrofe natural a nivel nacional. Regida por el más indolente individualismo sumado a una de las distribuciones de la riqueza más desiguales del mundo. Un país que no produce mucho más que concentrado de cobre, celulosa y harina de pescado.

Los trabajos voluntarios en el contexto del terremoto

La situación actual trae consigo particularidades que hacen algo diferente a un trabajo voluntario antes del 27 de febrero y después del mismo. Una sociedad que carece de toda solidaridad -entendida como un modo de relacionarse cotidianamente con los pares- necesita su espacio periódico de caridad para sentir que todavía le queda algo de humana, calmando la conciencia de algunos y conmoviendo la de otros. En un estado de cosas donde velar por el propio interés y de los cercanos es norma y ley, la caridad es una acción que aparece puntual y extraordinaria. Empapados de ese modo de pensar, romper ese esquema es un acto de filantropía, de magnanimidad. Seguir en la apatía cuando, condicionados por la situación, todos están ávidos de redimirse aparece como una incomodidad, casi una vergüenza.

El carácter de los trabajos voluntarios es bien reconocible, pero se hace más evidente producto de la selectividad de los daños ocasionados por el terremoto. Siempre se trata de sectores geográficos y sociales que se trasladan de su espacio de vida para ayudar en otros lugares y a personas con distintas condiciones de vida. Este aspecto también es propio de la sociedad en la que vivimos, ya que en una sociedad igualitaria la solidaridad que se ejercería producto de una catástrofe natural sería en su mayor medida local, producto de las propias organizaciones populares y territoriales. Si la nuestra fuese una sociedad igualitaria ni los recursos ni el tiempo de trabajo tendrían que venir de otro lado, ya que no se encontraría concentrado.

En nuestro país, el aparato estatal no tiene capacidad para intervenir ni administrar socialmente casi nada, mucho menos una situación producto de un terremoto. De lo que si puede presumir es de su gran capacidad represiva y de orden, todas éstas características del modelo neoliberal actual. En este contexto el trabajo voluntario se convierte en un parche a las deficiencias del mismo, en un poco “hacerle la pega”, en el caso del ejemplo analizado, a una municipalidad que no tiene mayor capacidad de resolver las necesidades y demandas de la población. Pero no se trata tampoco de que por una razón como ésta se paralicen los voluntariados. Está más que demostrado en la historia, que las penurias materiales no producen directamente una revuelta social ni mucho menos una politización de los afectados, muchas veces sucede todo lo contrario, se descompone aun más la organización social de base.

Muy ligado a este punto se encuentra, además, el archimencionado carácter asistencialista de los voluntariados, el cual siempre se trata de superar desde sectores progresistas. Del mismo modo, tampoco por considerar que el asistencialismo descompone la organización y produce dependencia, análisis que es en buena parte cierto, se debe caer en el otro extremo. Los seres humanos y grupos sociales a los cuales se les ha negado todo a través del tiempo y que hoy además pierden sus pocos bienes materiales o espirituales producto del terremoto necesitan asistencia, de hecho, todos necesitamos en alguna medida de asistencia. Muchas veces, primero, hay que comer, vestirse, tener un techo, estar sano, para luego organizarse y luchar, lo que también se cumple dialécticamente, en sentido contrario, también luchamos para comer, vestirnos y tener techo. Todo depende de la situación concreta en que estemos insertos.

Aún cuando tenemos un Estado con incapacidad humana y de organización para responder ante la situación, tampoco es característica del mismo estar dispuesto a financiar, incluso a través del mismo mercado, las labores de reconstrucción. El gasto público es una herejía para los gobiernos neoliberales, por tanto, las municipalidades tampoco cuentan con presupuestos para, por ejemplo, ofrecer trabajo temporal a las personas de las mismas localidades afectadas. Justamente, otro efecto perverso del voluntariado se muestra cuando éste se combina con una localidad que ha perdido buena parte de sus fuentes de trabajo producto del terremoto, como es el caso de los pescadores artesanales, o a causa de daños en fábricas u otros bienes de capital, etcétera, formándose el siguiente cuadro: viene un equipo voluntario de “remoción de escombros” a una localidad que tiene buena parte de sus jefes de hogar sin ninguna fuente de ingresos autónoma. En vez de que el Estado organice a los desempleados haciéndolos trabajar a ellos mismos en la remoción de escombros de su propio pueblo, dándoles así los medios de vida y hasta una capacidad de ahorro para reconvertirse a otra rama productiva o reconstruir sus herramientas, se les impone una acción de voluntariado porque “lo necesitan” excluyéndolos de inmediato de participar en la limpieza del pueblo, su única opción aparece luego como ser sumados a las iniciativas de los voluntarios cuando no derechamente cooptados. Se remite a los afectados a mero objeto de asistencia o, en el mejor de los casos, a subordinado de la organización voluntaria. Todo esto por no permitir una sola alteración en las fuerzas del mercado en la dirección de la sociedad.

Otro cuadro que raya en lo patético, pero que encaja perfecto en el modelo actual de nuestra sociedad, es la licitación de todo esfuerzo de contención y reconstrucción. El Estado se reúne con las grandes cadenas de supermercados para conseguir bienes de primera necesidad para distribuir, transformándose la ayuda en un negocio y ¡tampoco se avergüenza de licitar las viviendas de emergencia! La municipalidad de Tirúa, que es el caso que viví en la práctica, apoya a Un Techo para Chile para que construya mediaguas a los damnificados por el terremoto –la gran parte del dinero de la teletón va con el mismo fin-, transformando la ayuda en tal vez no pura ganancia monetaria, pero ganancia al fin y al cabo para subvencionar mediante dineros públicos a proyectos asociados a ideologías particulares y sectas religiosas.

Un equipo de voluntariado

Ahora, también dentro de los equipos de voluntariado ocurren fenómenos que vale la pena analizar. Se trata de las mismas reflexiones y análisis que hacen los voluntarios sobre su acción y las consecuencias que acarrea la misma. Por un lado el voluntarismo, o falsa apreciación de la realidad a causa de la limitada visión subjetiva, y por el otro, la falta de conciencia política. El voluntarismo se expresa en las expectativas que se van creando desde el propio grupo de voluntarios para con los efectos reales de su labor. Por ejemplo, el hecho de que un equipo de remoción de escombros entienda su labor como de reconstrucción de la localidad donde trabaja ya es un síntoma. Pero luego, promovido por la energía desplegada y la poca capacidad de canalizarla, se cae en propuestas megalómanas carentes de todo análisis concreto de la situación. Aun cuando se trate de un pueblo pequeño, pensar que un grupo de voluntarios puede, con una inserción en el mismo de aproximadamente dos días, lograr movilizar a todo el pueblo para que voluntariamente trabaje por la “reconstrucción” de su propio lugar de vida, es a lo menos, ingenuo. Un análisis de las condiciones en que se encuentran las relaciones de las personas dentro de ese pueblo, o el sólo hecho de hablar con las personas, lleva a la apreciación del estado de desintegración del tejido social. Una condición generalizada en el Chile neoliberal. Todas las personas se entienden en un grupo y desconfían de todo el resto de grupos con los que se diferencian. Los no damnificados en sus viviendas pero si en su fuente de trabajo dicen que han sido desamparados y se ayuda demasiado a los damnificados en sus viviendas. Los damnificados con vivienda dicen que toda la ayuda la reciben los campamentos. Otros se quejan de que toda la ayuda la han recibido los pescadores. Los miembros de una junta de vecinos aseguran que toda la ayuda ha sido acaparada por los presidentes de las mismas (con testimonios que dicen que hay gente que tiene comida para años). Los ciudadanos que culpan al alcalde de repartir a diestra y siniestra las primeras ayudas, sin llevar un control de si se le estaba dando a gente que lo necesitaba o no. La gente “decente” que tiene innumerables testimonios de los “aprovechadores”. Los pescadores que dicen que les dieron un poco, pero que ya no tienen para comer porque sus botes quedaron destruidos. Los cesantes que buscan desesperadamente ayuda y nuevos empleos para sustentar a su familia. Los pobres de los cerros que no fueron muy afectados pero ya de un principio tenían necesidades muchas veces más apremiantes que los damnificados, etcétera, etcétera.

Con un somero panorama de la situación se puede entender que la mayoría de las personas desconfía del Otro y además tiene y ya tenía muchos problemas para pensar en ayudar a los demás, de los cuales tampoco ha recibido nunca mucha ayuda. Es una especie de círculo vicioso. Al no analizar esta situación, en el ejemplo de Tirúa, se gastan cuantiosas energías de voluntarios en la difusión de una campaña de ayuda de los vecinos a los vecinos. Los compañeros se generan expectativas rápidamente defraudadas. El saldo es una cantidad de voluntarios entre la gente del pueblo que se cuenta con los dedos de una mano y un día de potencial trabajo desperdiciado. Si las personas no confían en el vecino ¿por qué habrían de hacerlo con los aparecidos voluntarios?

El segundo fenómeno, la falta de conciencia política, lleva a reducir las posibilidades de acción. El único objetivo de la intervención en la localidad se reduce a tratar de que la “gente” se organice y coopere en la ayuda a sus mismos vecinos. Todo esto porque es bueno. Así se deja de ver, por ejemplo, el hecho de que los habitantes y los voluntarios tienen que remover los cuantiosos escombros a mano y con la ayuda de herramientas como palas y chuzos, cuando la sociedad opulenta en la que vivimos cuenta con maquinaria pesada para hacer ese trabajo, en tiempos astronómicamente inferiores, pero las cuales se encuentran ociosas y apiladas en los “stocks” de las empresas que las comercializan, esperando a alguien que tenga el dinero para comprarlas. O también esas mismas máquinas ocupadas en otras zonas geográficas y al mando e interés de otros sectores sociales. Un trabajador que perdió su casa, tiene que seguir trabajando con su retroescabadora para construir el último mall. Al mismo tiempo todos los habitantes tienen que pagar elevadísimos impuestos al consumo (impuesto regresivo) y trabajan, por ejemplo, en la celulosa percibiendo sueldos mínimos al mismo tiempo que se engrosan las impresentables ganancias de los accionistas de tales industrias. Es decir, son ciudadanos en tanto que contribuyen con un fuerte tanto al presupuesto del Estado, a la vez que son explotados a rabiar por los dueños de las grandes empresas, pero se les niegan los derechos de disfrutar de los avances materiales de la sociedad, como por ejemplo contar con maquinaria pesada para limpiar los escombros de sus localidades y viviendas.

El punto no es que ante esta realidad adversa en numerosos sentidos nos quedemos en nuestras casas, sin hacer nada, sino reafirmar, en base a todos estos elementos, la hegemonía existente en la actualidad, construida por los empresarios y militares, sostenida y profundizada por los empresarios y los gobiernos de la concertación. Para revertir esta situación, abordando por ejemplo la reconstitución del tejido social y la organización popular de base, que fortalecida pudiera reaccionar de manera política y efectiva ante una situación como esta, no existen atajos. El voluntarismo no aporta más que a la misma descomposición organizativa que lo genera.

¿Trabajos voluntarios? Sí, pero conociendo sus cercanas limitaciones...de todos modos quién se queda en casa hace menos que nada.


Observaciones post scriptum:
1) Independiente del área de voluntariado, siempre existen más o menos, las mismas limitaciones. Por ejemplo, en el área de catastrar los daños de las viviendas y las necesidades inmediatas, la cual se desarrolló también en Tirúa (localidad en base a la cual hice estos apuntes), produjo en mayor o menor nivel una autocomplacencia en los voluntarios de estar haciendo una tarea “importante”. Lamentablemente, por las mismas razones antes mencionadas, la ayuda efectiva que llegue al incluso reducidísimo espectro de la población damnificada a la cual se catastro, es cercana a 0. Una persona catastrada lo tenía más que claro “Te voy a responder la encuesta pero yo sé que no va a servir para nada”...Un análisis mayor no se incluyó para no extender aun más el largo de este escrito.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Las gracias de la universidad pública neoliberal

Todos los años se da una discusión a nivel de la FECH por el alza de aranceles, mas todos los años esta alza se efectúa sin que se pueda hacer mucho más que pedir un alza igual entre estudiantes nuevos y estudiantes antiguos y lograr un reajuste de las ayudas estudiantiles en la misma cuantía del alza de aranceles (puntos logrados sólo el año pasado). Pero ante esta temática, que ha interesado año a año al movimiento estudiantil, creo que falta un análisis que vaya un poco más allá del interés corporativo y sensato de no querer que nos suban los aranceles.

En los últimos dos años (mi experiencia personal), el movimiento estudiantil se ha debatido entre que los aranceles suban con respecto al índice de precios al consumidor (IPC/inflación) o al índice de reajuste al sector público (IRSP). Esto es en los hechos, sin embargo igualmente se pide un congelamiento nominal (es decir que no suba ningún peso) a las autoridades. Esta demanda, por parte de los dirigentes del pleno, se sabe perdida de antemano, hasta ahora la federación no apuesta por una agitación ni movilización real con respecto al tema de los aranceles. A esas alturas del año está demasiado ocupada en las elecciones de la mesa.

Sin querer entrar en un análisis sobre la capacidad real y voluntad de la federación para movilizar a los estudiantes sobre este o cualquier otro tema, quisiera observar lo que hay detrás de la discusión del alza de aranceles. Rectoría alude que los costos de la universidad suben con respecto al IRSP debido a que el grueso de los gastos de la misma se van en remuneraciones de personal académico y no académico, los cuales se acogen al reajuste del sector público. Con este argumento, Rectoría no claudica en aumentar los aranceles año a año en un mínimo de lo indicado por el IRSP, el cual se define políticamente en la negociación entre gobierno y los funcionarios públicos. Es lo que ha ocurrido los últimos años en nuestra universidad.

Ante este argumento, los estudiantes (en realidad los dirigentes del pleno) devuelven el argumento de que los sueldos de nuestros padres y los de ningún trabajador no público de Chile no suben con respecto al IRSP, ni siquiera con respecto al IPC. Por tanto estas alzas son injustas para los estudiantes y las familias de Chile. Sin mayor esfuerzo se puede notar que aun cuando los aranceles subieran con respecto al IPC y a nuestros padres les reajustaran los sueldos con respecto al mismo índice, se caería en otra contradicción. Y es que a un arancel de 200.000 pesos mensuales (2 millones anuales) un alza en torno de 7% (ipc aproximado 2008 y 2007) significa un alza de 14.000 pesos mensuales. Yo no se cuantas familias de Chile pueden pagar íntegramente el arancel mensual de los estudios de sus hijos, pero queda claro que si le reajustaran el sueldo en el IPC, a un sueldo de 200.000 pesos, tendría que utilizar toda su alza en el pago el alza del arancel o un sueldo de 400.000 pesos tendría que utilizar la mitad del alza en el pago del arancel, mientras que con todo el aumento del coste de la vida, el grueso de las familia chilenas (menos el quinto quintil y hasta por ahí no más) salen para atrás, pierden poder adquisitivo. Subir los aranceles con respecto a IRSP o IPC se sustenta en el supuesto de que el arancel es un bien de consumo que pesa tanto en el presupuesto de las familias como el pan o la leche, sin duda un análisis minucioso de la realidad.

Aun cuando se pague el arancel con créditos, esta alza sustentada en la ficción que todo Chile es quinto quintil o décimo decil, significa un cobro desmedido tanto por parte del pago posterior de la deuda, y más grávemente aun, de los intereses en base a cifras infladas. Ante esto yo pido que la discusión se de con argumentos reales y que los estudiantes no le sigamos el juego a rectoría discutiendo en torno a análisis irreales de la situación económica de las familias de Chile.

La Chile, una universidad pública

Ahora quiero volver con a un punto que es el interés central de este escrito. La condición pública de la universidad y la condición de los funcionarios académicos y no académicos. Ya mencioné que los funcionarios de la universidad se acogen al reajuste del sector público, pero ¿por qué? ¿la universidad es una institución pública?. Las instituciones del Estado reciben el grueso de su presupuesto de fondos públicos, entonces, cuando se reajusta al sector público, el Estado le reajusta a su vez el presupuesto a la institución y esta puede reajustar a sus funcionarios. Sin embargo, la universidad NO RECIBE EL GRUESO DE SU PRESUPUESTO POR PARTE DEL ESTADO. Con los aportes estatales, nuestra universidad financia entre un 15 y un 20% de su presupuesto anual (AFD+ AFI+ etc), aun cuando este aporte estatal se le reajustara en torno al IRSP, cosa que no ocurre, este reajuste serviría solo para cubrir entre el 15 o 20% el aumento de costos de esta casa de estudios.

Es totalmente claro que en la dimensión más económica las universidad públicas no lo son -algunos creen y dicen que en otros ámbitos si lo son-. Sin embargo, debido a que la universidad tiene que someterse a fiscalización como si fuese institución pública (contraloría, etc.) y sus funcionarios están sujetos al estatuto administrativo (no me queda claro con los académicos), se siente pública y cobra como pública. Para que los funcionarios tanto académicos como no académicos de la universidad se sientan públicos, cobrando reajustes del IRSP, se tiene que privatizar cada vez más a los estudiantes y la educación, debido a que este reajuste se hace en base a alza de aranceles como vimos en el apartado anterior. Esa es la universidad pública neoliberal.

Al aclarar la contraposición real de intereses entre los asalariados de la universidad y los estudiantes, no quiero hacer una defensa gremialista del estamento estudiantil, sería lo más lejano a mi intención. Lo que quiero hacer ver es la nefasta situación que nos impone este modelo de universidad neoliberal y el modo de dominación actualmente imperante. El cual enfrenta en sus intereses concretos a los estamentos de la universidad, reduciendo las posibilidades de unidad y lucha conjunta de la "comunidad universitaria".

En síntesis, a través de rectoría, los asalariados de la universidad le piden su "sentido público" a los bolsillos de las familias de los estudiantes. Acaso, ¿el punto no es que la universidad en su conjunto luche contra el empresariado, base social del modelo neoliberal, para recuperar una universidad pública de verdad, al servicio de las grandes mayorías?. Lo primero que hay que hacer como estudiantes es dar un debate real en torno al financiamiento actual de la universidad, para luego unirse con todos los que quieran una universidad pública y enfrentarse a los académicos y tecnócratas que están contentos con este nefasto enfrentamiento de intereses dentro de la universidad neoliberal.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Reflexión en torno al ALAS

Advertencia inicial: Siempre me resulta importante hacer un comentario inicial ante los artículos que publico acá, y es que (aparte de ponerme el parche antes de la herida) me interesa que esto se lea sin ambiguedades de contexto. Esto lo escribo como comentario sobre el primer congreso de sociología al que he asistido, siendo yo estudiante de primer año.

Responder a la pregunta de ¿cómo estuvo el ALAS? o ¿qué tal el congreso? me ha dejado en mas de una ocasión algo descolocado. Y es que los contrastes de calidad de las ponencias, en los distintos espacios, para mí fue tal, que no me permite hacer una apreciación general del mismo. Sintéticamente: lo bueno estuvo bastante bueno y lo malo, muy malo.

En general, el congreso se dividía en las actividades de la mañana, los grupos de trabajo, y las actividades de la tarde, los foros, conferencias y demases. Sobre los primeros, me encontré con falencias tanto metodológicas como de contenido. Sobre la metodología, el principal problema era que se copaba el tiempo de la actividad con las ponencias de los expositores, lo que no permitía llevar a cabo un cuestionamiento o debate sobre el tema o trabajo tratado; las intervenciones se remitían solamente a preguntas o aclaraciones y aún cuando se hubiese utilizado una metodología que privilegiase la discusión, no creo tampoco que esta hubiese sido fructífera. Esto debido a que incluso en los momentos más propicios para la discusión -que sí los había-, se dilucidaba que no era ésta la intención de los asistentes, es más, los comentarios que se realizaban en la mayoría de los casos me permitían extrapolar que ésta era una práctica que no se acostumbra a realizar en los círculos académicos, las intervenciones carecían de toda intención polémica y algunas resultaban derechamente torpes o tímidas. Esta característica del trabajo académico también está presente en nuestro departamento de sociología y es, sin duda, una de los mecanismos más importantes que producen la precariedad o irrelevancia del conocimiento que producimos como institución.

Con respecto al contenido, algunos estudios se acotaban meramente a la descripción de su objeto de estudio, resultando así mucho más una forma de periodismo que una investigación social. Este vicio es observable nuevamente en casa, en las investigaciones que se nos hace llevar a cabo en el marco de los primeros cursos de metodologías de la investigación social - yo mismo me encuentro trabajando en un estudio de este carácter con el que en más de una ocasión no me he sentido satisfecho-. Volviendo al contenido de las ponencias, muchas utilizaban los conceptos y herramientas del marxismo en sus trabajos, siendo este un aspecto más o menos transversal y marcando un fuerte contraste respecto de la sociología con la que he tenido contacto en Chile; pero éstos eran utilizados con una superficialidad que calzaba bien con la mera intención descriptiva haciendo incluso injustificada la utilización de los mismos - uno se quedaba esperando una profundización en el análisis que nunca llegaba-. No se aventuraba a generalizar la utilización de alguna categoría o concepto, buscarle un matiz distinto, establecer una mirada crítica ante lo histórico concreto, nada. Tales conceptos se convertían en una "palabra" para dinamizar la exposición -descriptiva- de la materia. Sobre esto cabe hacer la particular mención a un académico que hacía una reflexión "teórica" sobre una cuestión del marxismo cuya conclusión era que las clases no se constituyen fuera del Estado para luego actuar e incidir en él, sino que se constituyen, también, dentro del Estado, en mutua determinación con él. Así este, y otros más, se remitían a "descubrir" una u otra de las tantas formas de expresión de la dialéctica en la realidad.

Otro problema respecto del contenido era que en los grupos de trabajo no se discutía en torno a ideas o a problemáticas en común -aunque a eso se aspirase con los nombres de los grupos- sino que se trataba de una seguidilla de exposiciones de trabajo individual, ensimismado y con ninguna ambición más allá de producir escrituras y, presumiblemente, currículum e indicadores (me viene una y otra vez a la cabeza un artículo sobre el ALAS que leí antes del congreso de los compas de Contrahegemonía en su boletín de Agosto). Abordar este punto me lleva a preguntarme si es que la estructura misma de los congresos solo posibilita este funcionamiento, en ese sentido, se trataría de algo siempre bien limitado.

Con respecto a las actividades de la tarde, donde habían muchas menos actividades paralelas y, por tanto,más filtro, mi experiencia fue también algo ambigua. Hubo ponencias de muy buena calidad, las conferencias sobre todo, a la vez que otras derechamente malas, como un foro de pedagogía crítica y otro sobre la reforma universitaria a los que asistí, por nombrar algunos. Las conferencias, en general fueron interesantes, el tiempo dado les permitía una profundización que se echa de menos en el resto de los espacios -en mi opinión sobrecargados-. Las temáticas tocadas en estas mismas hacen más clara aún la ruptura entre la sociología que me ha tocado ver en Chile y la que se desarrolla (o pretende desarrollar) en el resto de Latinoamérica.

Los foros también caían a veces en la sobrecarga de expositores, con lo que se mellaba la profundidad, aunque en general también fueron algo interesantes. Se formaba un tanto de debate, pero a veces se caía en la autocomplacencia y no se abordaban puntos más conflictivos ahí donde pudo haberse desarrollado alguna discusión. La metodología, problema de nuevo, apoyaba este vicio.

Un aspecto puntual que me sorprendió, fue la presentación de un académico Norteamericano y otro Alemán que llegaban, mesianicamente, a hablarle a Latinoamérica del marxismo. Sus desarrollos no pasaban de pinceladas, cuestiones básicas y conclusiones ya archiconocidas del siglo pasado, especialmente en las décadas de los 60 y 70.

A modo de conclusión
podría decir que me voy algo decepcionado del ALAS 2009, pero tal vez también sobre el formato “congreso” en general. Su forma se parece mucho más a una "galería de ponencias" o producciones académicas, que parece más un ritual académico que una instancia de la que se espera sacar algo concreto. Aunque también pudiese pensarse que tomé malas desiciones al elegir mis actividades y temas...me queda la duda.

Con todo, esta experiencia me hace volver a las reflexiones sobre la relevancia de lo que estoy estudiando y si la sociología tiene que quedarse en lo "interesante" de la miríada de temas y enfoques que actualmente se desarrollan o si debe explicitar una orientación político-académica y desarrollar un conocimiento menos ensimismado, más colectivo e insertado en la sociedad. Con todo, esta experiencia me hace remontarme a un viejo dilema del sociólogo: ¿para quién o para qué hacemos sociología?

domingo, 16 de agosto de 2009

Ideología en la educación e ideología "progresista"

"En el marco de la responsabilidad social universitaria la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile propone una vía de inclusión alternativa a la Universidad. Esta vía está sustentada en el principio de que “los talentos están igualmente distribuidos en todos los estratos sociales, por lo que en todos los establecimientos de educación media hay jóvenes que tienen los talentos que se requieren para cursar con éxito estudios universitarios y estos son, en su mayoría los estudiantes mejor evaluados de cada curso”.

Extracto de documento base del propedéutico


En el presente y desde que se abrió, políticamente, el mercado de la educación, la sociedad tiene racionalizada la cantidad de recursos económicos que destina a este ámbito. El modelo educativo actual, entiende que debe existir un tipo de educación para cada sector social, todo otro tipo de gasto sería una pérdida injustificada de eficiencia. De esta manera, la sociedad gasta lo mínimo para educar a la mayoría de la población, gasta algo más para educar a otra porción que, de uno que logra la movilidad social, muchos se quedan abajo, y, gasta lo que sea necesario para educar a otra parte de la sociedad, la cual constituye el sector de profesionales y las élites de este país. Cabe mencionar, que esta segmentación educativa permea desde los recursos económicos destinados, hasta los programas y los métodos de enseñanza, lo cual ocurre desde la educación básica hasta la superior, siendo este último el fenómeno de segmentación más reciente.


En síntesis, la sociedad entiende que en los sectores sociales que pueden pagar una "buena" educación, es donde se encuentran también los talentos que merecen ingresar a las universidades de "excelencia" sean éstas públicas o privadas. Algo así como que el éxito económico de los padres se traduzca en la idoneidad académica de sus hijos, una cuestión de genética, seguramente. Los exitosos tendrían el éxito en la sangre.

El "principio" que sustenta el proyecto de propedéutico para la Universidad de Chile (siendo el mismo para las otras universidades en donde ya se encuentra en funcionamiento) entiende que "los talentos están igualmente distribuidos en todos los estratos sociales", es decir no se trata de una cuestión de billeteras, sino que el "talento" vendría desde el nacimiento o algo por el estilo (aleatoriamente) y, por lo mismo, está presente en todos los estratos sociales, se trata de una cuestión de estadística de niños nacidos, en donde hay una porción, minoritaria seguramente, que recibe "talentos" y otra que no, en palabras simples hay inteligentes y hay tontos, hay unos que nacen para mandar y otros para obedecer, hay unos que nacen para intelectual y otros para trabajos manuales (dicen que hay algunos que nacieron buenos para mendigar).


De este "principio" se deriva que el sistema educativo es irracional, es decir, educa a toda la gama de los ricos, los tontos y los inteligentes, además educa a uno que otro no tan rico que nació con el don de la inteligencia. Por tanto lo que habría que hacer es recoger a los "talentos desaprovechados" de colegios municipales, que serían los "estudiantes mejor evaluados de cada curso", lo cual está probado por serios estudios científicos, por tanto no hay pero que valga. Esto hace necesario un propedéutico, el cual sirva de referente para avanzar hacia un modelo educativo racional, que separe a los inteligentes de los tontos, que lleve a las universidades de "excelencia" a los primeros y a las universidades malas a los otros o para qué molestarse, mejor que se vayan a trabajar en cuanto terminen la educación obligatoria. Entendidas así las cosas, mejor sería avanzar a la identificación del "talento" desde los genes y comenzar con un programa estatal de eugenesia, toda una utopía.


Pero el propedéutico es el propedéutico, 25 estudiantes de liceos municipales que sacarían 200 o 300 puntos en la PSU estarían entrando a la Chile, por tanto esto es un "avance" indiscutible, año a año estos estudiantes vendrían siendo el 0,63% de los estudiantes que entran a nuestra ilustre universidad.


Observemos ahora, el concepto de "talento". Este vendría siendo algo que es observable a través de los resultados de pruebas, exámenes, títulos, grados académicos, citación en publicaciones científicas, cantidad de publicaciones, ediciones de libros, rapidez e ingenio para resolver problemas de materias de categoría universitaria, etc. etc. Sabiendo que todas estas mediciones son creadas por comunidades científicas y comités evaluadores, queda claro que lo único que se mide es la adecuación a un patrón, es decir, a la reproducción de esas mismas comunidades científicas y comités evaluadores. Es más, en un país donde esta condición social está restringida a los sectores sociales más acomodados, no sólo se trata de la reproducción de académicos e intelectuales, sino de una reproducción de condición social.


El "talento", por tanto, es una categoría inventada, construida en base a mediciones que otros "talentosos" desarrollaron, es decir, es un concepto cosificado. Los estudiantes del propedéutico, serían entonces, los niños mal educados pero que con algo de ayuda pueden homogeneizarse a los demás miembros de universidades "de excelencia", sin duda un talento potencial. Así entendido, el talento no lo tiene la persona, sino es una cualidad que le asignan los que se entienden talentosos y segmentan la educación para que unos tengan esa cualidad y otros no. Los mecanismos mediante los que realizan esta operación van desde las pruebas y los símbolos de distinción social, hasta la distribución del ingreso y los mecanismos de mercado. Una maquinaria social que produce la desigualdad.


Lo peor de todo es que la producción y reproducción de la desigualdad se invisibiliza por un lado y se legitima por otro. Si la sociedad se entiende como con el potencial de construir su propia historia y, por tanto, a si misma, tendría que parecerle evidente que un tipo de desarrollo, un tipo de conocimiento y un tipo de "talento", entendido como capacidades valoradas socialmente, es sólo eso, una construcción histórica, la cual pudo haber sido de otra manera. Para otra sociedad, hay otro conocimiento, otro talento. Pero claro, lo establecido se naturaliza, negando toda alternativa de proyecto de sociedad. ¿No es, acaso, totalmente evidente que si no existiera la clase obrera o si no exisiera como existió sería pura ciencia ficción todo el desarrollo teórico de Marx? ¿de qué serviría buena parte del conocimiento si no viviéramos en una sociedad de clases? ¿me dijo "talento", unívoco?.


El principio liberal en el que se sustenta el propedéutico, tal como se plantea ahora, es una forma de invisibilizar y legitimar el orden social, esta propuesta vendría a hacer más soportable la desigualdad social, serviría para dar un argumento a la supuesta existencia de movilidad social, vendría a "dulcificar" el modelo actual. Entendido así, aun creyéndose "progresivo" en cobertura, se sabe con un límite, el de abarcar toda la población de inteligentes. Sin embargo, estoy seguro que el proceso actual va a llevar a un propedéutico que se va a quedar en la primera propuesta, año tras año tratando de mejorar detallitos dentro de si mismo, ensimismado, y por tanto, fracasado o intrascendente. En esto se le irá la vida y terminará como el bachillerato de la Chile, como un producto en si mismo, dentro del mercado de la educación, huérfano de un proyecto de universidad coherente. Un sinsentido.


Pero como están las cosas en la educación chilena por un lado se parte, el punto es que un sector transformador, como potencialmente lo son los estudiantes, debería apropiarse de este proyecto, pero entendiéndolo como el piloto de una forma UNIVERSAL de acceso a la universidad, con propedéutico para nivelar y bachillerato para ingresar, teniendo como proyecto de un acceso de todas las personas a la educación superior si lo desean.


Finalmente, entiendo que la pega no es argumentar y recontraargumentar a autoridades, académicos (no todos) y estudiantes en puestos burocratizados, sino discutir y debatir con mis compañeros. La pega es construir organización y una fuerza social capaz de impulsar una transformación en el acceso, la educación y la sociedad.

viernes, 20 de marzo de 2009

Política local: Relación entre departamento y pregrado de sociología.

En la asamblea de carrera del pasado lunes 16 de marzo, los estudiantes de sociología nos enteramos que por decisión del claustro de académicos del departamento se nos marginaba de este espacio, quedándonos con el comité docente como único lugar con participación estudiantil (la cual se reduce a la opinión y como decían los compañeros, en un lugar donde no se corta casi nada). Al menos para mí, en mi calidad de mechón, esta decisión se liga totalmente al proyecto de facultad que nos planteó el director de la carrera en el recibimiento a los estudiantes de primer año. Su idea es que el departamento y la escuela de pregrado se separen cada vez más hasta que la escuela se encargue de administrar e impartir la carrera y su relación con el departamento se reduzca a -en sus palabras- “recibir a modo de préstamo profesores del departamento”. Estas reformar podrían parecer buenas, en tanto apuntan tal vez a la eficiencia y la separación de labores o la especialización en las mismas, eso, si considerásemos a la facultad como encerrada en si misma y aislada de la sociedad. Seguramente lo que se encuentra detrás de esto es que, por ejemplo, el director del departamento se desligue de sus funciones para con la carrera de pregrado, de esta forma, el departamento podría concentrarse en sus actividades propias, la investigación y producción de conocimiento.

Llamando un poco a la paranoia esto podría, en un mediano plazo, implicar hasta una separación física del departamento y el lugar donde se hace la docencia de pregrado, con los beneficios para los académicos de no verse más afectados por tomas de la facultad o asuntos similares.

La discusión claramente esta conectada con la del perfil del sociologo, pero creo, no se reduce a ella, sino lo que se discute es el modelo de universidad.

Es cierto que los profesores hacen la universidad, claro desde un punto de vista, pero es eso lo que siempre aluden para afirmar sus cuotas de decisión desde los organismos centrales, como el rector (elegido por profesores de las 3 más altas jerarquías), el senado, el consejo universitario; hasta los locales, como el consejo de facultad, donde los estudiantes no participan con voto. Sin embargo se quiera o no la estructura de la universidad -y que toca su definición misma- es que el estamento académico se sustenta materialmente en el estamento funcionario y el estudiantil. En la universidad de mercado, particularmente, es el arancel del estudiante, pero aun cuando el Estado financiara la universidad, lo que financia principalmente es la educación superior, es decir la docencia.

Al separarse el departamento de la formación de pregrado, los únicos criterios para dirigir las líneas de investigación dentro de él –y con esto su correlación de fuerzas interna- serían, quién paga por la venta de servicios del mismo, es decir el mercado, y el gobierno de turno en tanto influye en la investigación del departamento a través de los profesores simpatizantes operando dentro de él.

Como se mencionó en la asamblea, es cierto que si se tomó una decisión así, se debe a que es respaldada por al menos la mayoría del departamento (y seguramente la gran mayoría si observamos la votación de los académicos de sociología en la consulta sobre el endeudamiento de la facultad en el marco del proyecto bicentenario). Si como estudiantes esperamos cambiar este escenario la opción que visualizo es la de debatir abiertamente el modelo de universidad que queremos, reflejado en la relación estudiantes-académicos, ya que si la discusión se reduce a “queremos más poder de decisión” tenemos la derrota asegurada. Deberíamos incluso exigir que los estudiantes tuviésemos la facultad de definir una línea de investigación dentro del departamento, lo que implique contratar nuevos profesores, propuesta que no se sustenta en la nada, sino en la idea de una universidad pública al servicio de la sociedad y los actores sociales, siendo los estudiantes representantes de aquello.



pd: esta apresurada opinión, sólo pretende servir al debate de esta problemática.

domingo, 8 de febrero de 2009

La confrontación social detrás de la educación

A través de informes nacionales e internacionales, opiniones, movilizaciones de mayo en mayo o conversaciones casuales es posible sacar una conclusión rápida: la educación chilena para las grandes mayorías es un desastre, la sociedad tiene casi nada de qué sentirse orgullosa en este y muchos otros temas. El mundo social, a pesar de tener poca incidencia en la toma de decisiones, ha producido un importante número de propuestas para mejorar el sistema educativo en su conjunto (y no sólo la reduccionista visión "del aula"), su similitud da cuenta de lo representativo que estas son y la necesidad que tiene el mundo social de las mismas. Sin embargo el "Desastre Educacional" no se debe a la incompetencia o falta de voluntad de la clase política que ha gobernado desde la vuelta a la democracia, es el síntoma de la correlación de fuerzas al interior de la sociedad chilena.


A raíz de la refundación neoliberal que se implantó en Chile a sangre y fuego (mediante "terapias de shock"), se reduce el Estado y su financiamiento: liberalización económica, privatizaciones nacionales primero y transnacionales luego etc. El nuevo Estado, se financia principalmente con impuesto al consumo (I.V.A.), el cual ha sido demostrado como regresivo, y por el otro lado unas tasas muy favorables a las utilidades (15% impuesto a la renta), una ausencia total de regulaciones o gravámenes a los movimientos de capitales, especialmente financieros, que hacen y deshacen en este país.


La configuración que el empresariado que habita holdings y grandes empresas ha hecho de Chile y su Estado es un fenómeno que resulta visible tanto en quién es el que sostiene el presupuesto fiscal como en el difundido hecho de que somos campeones de la desigualdad en distribución de la riqueza, pero hay que hilar fino, esta desigualdad se explica por la altísima concentración no en el quinto quintil (20% de la población) ni el décimo decil (10%) sino en el 5% o incluso el 1% de la población, los "grupos económicos". Lo importante es identificar a cada actor en su justa medida y no centrar la atención en las formas más espectaculares y visibles del despliegue del poder. La clase política junto con la burocracia y la tecnocracia no son mucho más que "mediadores" que responden a encuestas y su interés principal es electoral, donde reside su reproducción social. Por más caras arrugadas de derrota y cansancio en mea culpas, justificaciones o apologías periódicas de su propio quehacer, el centro no es la declaración de buenas intenciones o la distribución de culpas entre la clase política, sino el hecho de que como conjunto (grupo social) han administrado el Chile neoliberal, vástago de los intereses del gran empresariado y toda su prole de burocracias privadas, únicas beneficiarias del tan difundido "chorreo". El movimiento social debe identificar claramente a su enemigo y no quedarse en la "pelea chicha" con sus heraldos, su enfrentamiento es contra la élite económica y sus aparatos ideológicos: medios de comunicación, universidades, centros de estudio, sectas religiosas, la derecha política, etc.


Para lograr el Chile que se quiere, uno al servicio de las grandes mayorías, hay una confrontación social que se debe solucionar, no un debate sobre cómo se educa de mejor forma o se obtiene la tan mentada"calidad". El movimiento estudiantil y sus posibles demandas son una forma importante de lucha pero también limitada y en ningún caso la única. El movimiento estudiantil y el social debe saber responder ante el argumento de "el Estado no tiene más plata" (conocidos son los tantos planes auge, las tantas viviendas sociales etc.). Las respuestas deben ser inmediatas y precisas, aumento de impuestos al capital y las utilidades, renacionalización del cobre, del agua, altos gravámenes o royalties por nuestros recursos naturales como también demandar igualdad en la distribución de publicidad estatal en los medios, asamblea constituyente, democratización política etc. La otra opción sigue siendo sentarse en "consejos asesores" para discutir con los tecnócratas el cómo hacemos malabares con las cifras asignadas a educación o cómo formulamos una propuesta que resuelva todos los problemas dejando todo lo demás intacto.

viernes, 23 de enero de 2009

La élite discute sobre la Universidad Pública.


En el encuentro "La Universidad Pública: Desafío para el Siglo XXI" organizado por la vicerrectoría de extensión de la Universidad de Chile, se propuso decididamente desde la élite académica pública, un aumento sustancial en el financiamiento basal de las universidades estatales -que son la universidad de chile y la técnica del Estado con sus derivadas(sumando 16 entidades)- que tendría que llegar al menos al 50% del presupuesto anual de las distintas instituciones, aumentando el gasto público en educación superior gradualmente durante 5 años hasta alcanzar dicha cifra.

Lo primero interesante de constatar en dicho coloquio es el carácter de la demanda, sin mencionar casi en absoluto al movimiento social y particularmente el estudiantil universitario, que ha propuesto y demandado la reconstrucción de la universidad pública en su rol histórico, pero más fundamentalmente en el social, con las propuestas históricas de arancel diferenciado, aumento sustancial del crédito universitario, gratuidad en la educación superior por financiamiento basal 100% público a las universidades del Estado etc. El desconocimiento de los estudiantes fue más profundo aún, al no invitar (ni siquiera avisar) a un representante estudiantil como el presidente de la FECh o similar.

La discusión se enfocó principalmente en la explicación y defensa de la propuesta del rector* pero más ampliamente como una apología corporativa de la educación pública financiada por el Estado, llegando a una suerte de "estamentalismo académico" al demandar financiamiento a las instituciones mentadas para producir investigación y docencia -principalmente una demanda para la autoreproducción del estamento académico- argumentado la producción de bienes públicos y el servicio al país. Sin poner en duda de que estos principios algo metafísicos se cumplen en la realidad y que la conciencia social, crítica además de la calidad humana son cualidades de algunos de los académicos transmitidas a los estudiantes en las cátedras, lo que no aparece en el campo de lo discutible es a servicio de quién está el conocimiento producido por las universidades estatales -otras ni hablar- aún en los tan vitoreados sistemas de educación superior pública de los países del capitalismo central (Europa occidental y EE.UU) o los latinoamericanos que lograron conservar sus universidades públicas de las dictaduras y los embates de las políticas neoliberales con movilización social.

El punto es que dentro del debate poco y nada se habló del acceso a la educación superior pública y cuando fue mencionada fue para felicitarse que las ues Estatales tienen el acceso más equitativo de estudiantes a universidades complejas o que hacen investigación ni se trató el carácter social del conocimiento en ellas producido, cometiendo el error de asimilar muchas veces que el diseño de políticas públicas o la formación de cuadros para el Estado es trabajar en beneficio de las amplias mayorías. Lamentablemente esto que queda fuera del debate elitario sobre educación pública es que el Estado actual está en función de los intereses empresariales y el conocimiento es aprovechado por los actores más fuertes de la sociedad, nuevamente el empresariado.

Considerando que el encuentro fue más que nada una forma de difundir la propuesta de rectoría (que está en consonancia con la del consorcio de universidades estatales), su relevancia se agota mayormente en el debate "público" que pueda generar o la influencia en la propuesta de marco regulatorio para la educación superior que estaría preparando el gobierno antes del primer semestre de 2009, sin embargo la ministra de educación ya pronunció que la carga presupuestaria que implicaría cumplir la demanda de la rectoría requiere una reforma impositiva o una fuente de ingresos fiscales de similar calibre, lo que de facto estaría enterrando la esperanza de llegar al 50% de aporte basal. La duda que queda es que si efectivamente las universidades Estatales lograran el financiamiento demandado, tendría como consecuencia un "blanquemiento" de las instituciones al financiarse con aportes del Estado y no de altísimos aranceles o venta de servicios a privados o si efectivamente con el aporte basal se espera que la universidad Estatal se convierta en la "conciencia crítica de la nación" cumpliendo un rol transformador de la realidad, al ponerse al servicio de los actores sociales y de manera efectiva, de las grandes mayorías del país.





* Documento de trabajo "Nuevo Trato con el Estado: hacia una política para las universidades estatales" enero 2009